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Nada más

Elías Castellano on 21 de julio de 2018

 

Era una enorme esmeralda

con un granate en su centro. 

Y era, un campo de trigales

y una amapola de fuego.

 

-Mira -me dijo la tarde-,    

goza de aquello que ves,

porque mañana ,este alarde,

puede ser que no se de.

Y yo, deslicé la vista

hasta llegar a los montes

que lucían como túmulos

invasores de horizontes.

Y contemple el firmamento.

Las algodonosas nubes.

Las aves que lo surcaban.

Y el tiempo. En el, me detuve.

 

El tiempo también se muere

-medité bajo el sombrero-,

Lo vivido hace un segundo

no puede volver de nuevo.

¡Cuán efímera es la vida!

Que hasta lo imperecedero,

se rompe ante nuestros ojos

en un chasquido de dedos.

 

Y examinando mi vida,

mientras gozaba el paisaje,

pude ver que fui amapola

que creció entre los trigales.

Pero las mieses segadas

arrastraron mi destino.

Y ahora, entre la gavillas, 

encuentro el fin de mi sino.

 

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